HOLA, RICHARD! Sé que hace muchísimo que no escribo. Me debes odiar. Y más hace que no escribo de verdad, porque lo último que hice fue una boludez. ¿Cuándo fue la última vez que escribí? No sé. Pero quiero abarcar la última semana de mi vida, que creo es, el tiempo que estuve sin escribir. El último tiempo fue bastante movido. Terminé las clases. No me llevo ninguna.
Hoy, que empiezo a escribir y espero publicarlo, es un día importantísimo. Y no termina como yo hubiese querido, porque no hubiese votado a quien ganó. Pero lo que pase, es lo mejor. En fin. El sábado pasado tuve un casamiento. Re lindo todo. Pero me confié en que iba a poder comer algo que no fuese ensalada, y me cagué de hambre. Comí sandwiches de miga de roquefort. Nunca me gusto el roquefort. Después comí cheesecake así que no me fui tan enojada. Tenía tantas cosas para contarte, Richard. Pero me tomé un descanso de todo, la primer semana de vacaciones no hice nada, me la pasé leyendo. Ahora retomo mi vida. Pero no sé la verdad de qué hablar, no voy a caer escribiendo de lo que me pasó hace dos semanas. O bueno, ¿quién dice que no? Hace catorce días tuve un cumpleaños de 80. No “un 15”. “Un 80”. Mi papá cocinó, hizo 20 KILOS DE ASADO. VEINTE KILOS DE CADÁVER DE VACA. Horrible. Y no quiero hablar de lo que se gasta por esa cantidad. La cumpleañera me cocinó empanadas de choclo y me tuvo consideración porque ella en algún momento de su larga vida también fue vegetariana. Tengo ganas de llorar, por muchas cosas. Así que dudo que pueda seguir escribiendo en este momento. No me gusta escribir sin ganas de escribir. Tenía tantas cosas para contarte.. elegí un mal día.
Te prometo, juro y rejuro, que mañana voy a escribir. Necesitaba hacer un acto de presencia.
Gracias por seguir estando.
Cher.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario