Yo considero que tengo un doble esfuerzo. Nunca en mi vida me gustaron mucho las verduras y comía lo justo y necesario y sólo por obligación. Una cagada. Porque además siempre me gustó muchísimo la carne, entonces, "¿para qué comer puré de calabaza si puedo comer un bife a la plancha? Es mucho más rico." Entonces me cocinaban bife a la plancha. Pero obvio, ALGO de verdura tenía que comer. Y bueno Richard, pensá, uno no cambia así de fácil. Hoy, si tuviese la libre oportunidad de elegir, prefiero comer una hamburguesa a una milanesa de soja. Ojo, me encanta la soja, pero las hamburguesas son irreemplazables.
Pero eso es algo que admiro muchísimo de mí, y de los vegetarianos en general. La fuerza de voluntad. Sé que para algunos, el proceso es más fácil que para otros, pero nunca deja de ser difícil, como la gente supone. Por lo menos las primeras veces que alguien comía carne en la misma mesa que yo, sufrí bastante. ¡Y el primer asado familiar siendo vegetariana! Dios mío, con lo que me gusta el asado, yo estaba comiendo fideos. Y por más que te deje rondando en la paradoja, Richard, eso me hace feliz. Sufro, y me da placer. Es gratificante saber que acabo de alimentarme y nadie tuvo que morir por ello. Me motiva a seguir mi camino. Porque estoy muy segura de lo que quiero ser, no me cabe dudas de que LA CARNE NO ES ALIMENTO. Y la seguridad es lo más importante de un vegetariano. Siempre hay que estarlo. En cualquier momento, cuando tu familia te tienta con "dale, un pedacito de falda no te va a hacer mal", o para lidiar con los comentarios pelotudos de la gente como "igual le vas a sacar la vida a una plantita que podría florecer".
En fin, Richard.
Todo cuesta, y es de valientes aceptar el desafío.
Cher.
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